jueves, 12 de febrero de 2015

Belleza Revelada (Soneto)



Aludes de luz, graciosas gacelas,
sensuales como damas altaneras.
Torres de marfil, dulces compañeras,
fontanas de miel en cumbres gemelas,

coronadas de rosas centinelas
que vigilan atentas sus laderas. 
Globos gloriosos, celestes esferas
cuya belleza oculta me revelas. 

Quisiera ser leal depositario
del precioso retrato de tus senos
henchidos de ternura, tan süaves,

y gozar el placer extraordinario
de mirarlo cuando te eche de menos
y guardarlo después con siete llaves. 

(Jaime González, 31.01.2015)

Una de las piezas más insólitas del Metropolitan Museum of Art de Nueva York es el cuadro que abre estas líneas: Beauty Revealed, un autorretrato de la miniaturista Sarah Goodridge. Este es el tema del artículo que he escrito para la revista Hypérbole, que se publicará con motivo de la festividad de San Valentín. 

A veces los grandes amores residen en pequeñas anécdotas, al modo en que los formatos diminutos pueden contener obras de gran valor artístico. Nuestra protagonista se llama Sarah Goodridge, nacida el 5 de febrero de 1788 en la jovencísima república de los Estados Unidos de América, el mismo día en que su estado natal, Massachusetts, ratificaba la Carta Magna para convertirse en el sexto estado de la Unión. Solo hacía 12 años desde la firma de la Declaración de Independencia de 1776, en la que se proclamaba como una verdad evidente que todas las personas son iguales al nacer y que tienen ciertos derechos inalienables, como la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad.

El artículo continúa en Hypérbole.es: 
Sarah Goodridge versus el sexting. Cuatro movimientos y un soneto.  





viernes, 6 de febrero de 2015

Teo en la Gran Vía

A Rafa Narbona, buscador incansable
Las iglesias se convirtieron en parques temáticos. Las bolsas y los mercados son garitos de juego donde se ofrecen sacrificios humanos al dios Dinero, esa abstracción intangible. La teletienda hierve con predicadores que ofrecen salvaciones eternas al increíble precio que aparece en pantalla y ofertando dos al precio de una. Las oraciones colectivas al toque del almuecín repiten la coreografía exacta de los congresos de Nuremberg.

Pero Dios sigue por ahí perdido, vagando, jugando al escondite, porque es eterno y el tiempo le sobra para malgastarlo como guste. No me gusta llamarlo Dios. Yo prefiero llamarlo Teo, que parece más informal, con su jersey de rayas, sus rizos pelirrojos y su sonrisa bobalicona. Nadie llama bobalicón a Teo, así que mejor lo cambiaremos por “Sonrisa etrusca”.

Por la mañana Teo se balancea con las hojas del árbol al viento. Por la tarde Teo asiste al funeral que un niño oficia por su mascota en un parque de áspera tierra. A la noche Teo deambula entre las ruinas de un campo de batalla o de un antiguo hospital, listo para gastar bromas a los cazafantasmas que vienen a grabar psicofonías.

Teo está harto de que lo traten como un cajero automático. Teo huye de los templos mientras hay familias que duermen en la calle a mayor gloria de los bancos rescatados. Teo ayuda a los que se ayudan a sí mismos sin pisar al prójimo. A Teo le gustan las personas que ayudan a los demás, pero no premia este comportamiento, porque si lo hiciera, la generosidad dejaría de serlo para llamarse inversión.

No sé por dónde se mueve Teo porque, ya lo dije, el escondite es su juego favorito, y bueno, ni puedes soñar con ganarle. Una vez creí verlo en un pedazo vacío de asfalto, mientras buscaba aparcamiento para mi coche. Desde luego, cuando bajé del coche ya no estaba allí. En otra ocasión se puso a jugar al bingo en mis narices, ¡siendo así que yo aborrezco la lotería y los juegos de azar!  Y eso por no explicar las bromas que gasta el tío, que uno no sabe ya cuándo acaba la gracia y empieza la putada, o al revés. Total, que uno a veces, lógicamente, se harta y prefiere pasar de él una temporadita.

Pero lo que mejor se le da - si está de buenas - es hacer de relaciones públicas. Un día nos presentó, me presentó a mi amigo Rafael Narbona. Eso fue un poco antes de que yo descubriera que Rafa era mi hermano. Rafa un día, de milagro, se encontró a Teo por la Gran Vía. Cuando te pasa una cosa así no es realmente una suerte; más bien es un accidente. Y suele pasar desapercibido. Porque Teo revela (apokalyptein) y esconde (kryptein), según parámetros totalmente libres y gratuitos, es decir, como le viene en gana.

Yo sí que tengo suerte de tener a Rafa por amigo, que como buen profesor, explica las cosas con toda claridad. Y además va y me lo dedica. Gracias, hermano. Estos son los pequeños milagros que nos dejan meditabundos, rumiando su efímera agridulzura, durante un ratito antes de dormirnos.


martes, 13 de enero de 2015

Raymond Queneau versus la Literatura española: cuatro ejercicios de estilo

En el S, a una hora de tráfico. Un tipo de unos veintiséis años, sombrero de fieltro con cordón en lugar de cinta, cuello muy largo como si se lo hubiesen estirado. La gente baja. El tipo en cuestión se enfada con un vecino. Le reprocha que lo empuje cada vez que pasa alguien. Tono llorón que se las da de duro. Al ver un sitio libre, se precipita sobre él.
 
Dos horas más tarde, lo encuentro en la plaza de Roma, delante de la estación de Saint-Lazare. Está con un compañero que le dice: "Deberías hacerte poner un botón más en el abrigo." Le indica dónde (en el escote) y por qué.


Raymond Queneau, Ejercicios de estilo

  
Jamás tan breve asunto dio para tanta literatura. Un día cualquiera, una anécdota insignificante en un ómnibus parisién de la línea S. Por desgracia para los habituales de los eventos culturales y recreativos al estilo Bloomsday, desconocemos el día, el mes y el año. No sabemos qué impulsó al francés Raymond Queneau para elegirlo como tema de un opúsculo titulado Dodecaedro (1942), que consistía en una docena de repeticiones del trivial suceso desde distintas perspectivas.

El esperable y oportuno rechazo del editor desencadenó una hiperactiva multiplicación del texto, detenida por Queneau al alcanzar su nonagésimo nona versión. Nace así Exercices de style (1947), monumento a la creatividad para unos, piedra de escándalo para otros.

Referir cien veces la misma historia al lector, ¿es un alarde de ingenio o una petulancia capaz de irritar al más paciente? Quienes somos padres de familia y hemos tenido que narrar, noche tras noche durante meses, el inevitable desahucio de Los tres cerditos, el paseo por el lado salvaje de Caperucita Roja o la frenética necesidad de aprobación de Cenicienta, sospechamos que a menudo el narrador se fatiga antes que los narratarios. De ahí la necesidad de cambiar el ritmo o el tono, el juego de retorcer la trama sin alterarla definitivamente hasta el punto en que los exigentísimos oyentes protesten: “¡Nooo! ¡Que así no es!”


En nuestro actual panorama literario y cultural, se echan de menos escritores que, como Queneau, arriesguen, experimenten y hasta improvisen en busca de otras visiones del relato, persiguiendo no ya el virtuosismo, sino la ruptura que supone una nueva expresividad. No estaría de más cultivar la excelencia literaria… si no fuera por la suficiencia de editores y lectores, que, abonados a los sólitos argumentos y tratamientos, claman una y otra vez: “¡Nooo! ¡Que así no es!”

Como profesional docente del ramo, me pregunto si la forma en que se enseña la Literatura española en las aulas ayuda a despertar la apreciación de una expresión variada, original, novedosa. Los estudiantes se dan por satisfechos con enterarse de cómo termina el argumento — al final, ¿el héroe se muere o se casa? — sin fijarse en la arquitectura de la obra, en la organización del discurso o en las connotaciones de la trama. Leer entre líneas es tan difícil de aprender que muchos solo perciben espacios en blanco. 


Continúa leyendo el artículo en la revista Hypérbole: 

martes, 17 de junio de 2014

Teatro breve: Cuatro triunfadoras, por el grupo de teatro del IES Avellaneda.

Para el final de curso siempre viene bien una representación teatral. A continuación les presento una pieza de teatro breve interpretada por el Grupo de Teatro del IES Avellaneda, cuya dirección he tenido el placer de ejercer en los pocos ratos libres que me deja la actividad docente.

Se llama "Cuatro triunfadoras", adaptación de una pieza de los británicos Monty Python (Título original: Four Yorkshiremen). No tengo ni idea de cómo serán los ricachones de Yorkshire, pero en todo caso el final ha quedado muy español.

Las guapas y meritorias actrices, de izquierda a derecha, se llaman Patricia, Cristina, Paloma y Teresa, auténticas triunfadoras en la jornada cultural del IES Avellaneda. También contamos con la intervención especial de nuestro compañero Maikel interpretando al camarero. Espero que pasen un rato agradable y que disculpen nuestros errores si los hubiere.


viernes, 23 de mayo de 2014

Soneto a las elecciones europeas

DEFINIENDO AL CANDIDATO

Es Plomo abrasador, es Plasma helado.
Es mal completo para el medio ambiente.
Es orador que, o bien lee, o mal miente.
Es un barbudo azul muy pitufado.

Es un comeyogures caducado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un machista que dice ser decente,
un amar solamente estar forrado.

Es una corruptela desatada
que dura hasta que aguante el mecanismo;
enfermedad que crece si es votada.

Este es Arias Cañete, este el pepismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es heredero del franquismo!

jueves, 1 de mayo de 2014

Revista Compluteca especial 30 Premios Cervantes: Jorge Edwards

La aventura cervantina de Jorge Edwards



Hay en Jorge Edwards mucho de cervantino y no poco de quijotesco. La agudeza de la observación y la aventura de los propios sueños suelen toparse, ya lo dijo aquel, con la tozudez de una realidad que podríamos ver de otra manera, pero de la que se nos impone la visión de los dominantes. Y esa tensión entre lo que uno quiere ser y los planes que nos tiene preparados el grupo social desde el que partimos es una constante en los personajes edwardinos.



Edwards, santiaguino de 1931, creció en una renombrada familia burguesa que lo matriculó en un colegio de jesuitas. En sus años de estudiante preuniversitario, Edwards es abordado por una estrafalaria tía abuela que a modo de musa literaria lo invita y lo incita a la pasión por las letras. Por ella conoce la existencia de otro estrambótico personaje familiar, el vividor y escritor fracasado Joaquín Edwards Bello. El muchacho busca y rebusca en bibliotecas y archivos, tímidamente primero, y vorazmente después. Los clásicos de Góngora, Quevedo, Garcilaso, Argensola, Fray Luis de León lo conducen a la generación del 98, y de la mano de Azorín y Unamuno descubre a Cervantes. 



Para desesperación del padre de Jorge, que lo quería dedicado a los negocios familiares, el joven letraherido frecuenta cada vez más los círculos literarios, trabando gran amistad con el enorme poeta chileno Pablo Neruda, a quien reconoce como maestro. Fue Neruda quien le aconsejó abandonar el verso y centrarse en la narrativa en prosa, para la que lo consideraba excepcionalmente dotado. Nadie podrá dejar de estar de acuerdo con esto, a la vista de los numerosos cuentos, relatos breves, columnas y cuadros costumbristas que va trazando en todos los ratos libres que le deja el estudio. Su capacidad de observación y fabulación y su agudo juicio lo convierten en un agudo articulista político y también literario.



En 1958 se incorpora a la carrera diplomática. Recién elegido presidente Salvador Allende, este le encarga la reapertura de la embajada chilena en La Habana de Fidel Castro. Tras instalarse en la isla, Jorge Edwards percibe diversas injusticias del régimen, y en particular se pronuncia en apoyo de los intelectuales y escritores perseguidos, como el poeta Heberto Padilla. Fidel Castro reacciona expulsando inmediatamente a Edwards de Cuba, antes de cumplirse los cuatro meses de su embajada.



El escritor no se retracta y escribe una crónica novelada de su aventura cubana, Persona non grata, cuya publicación estaba preparando cuando le sorprende el golpe de estado de Pinochet. Ha de exiliarse a Barcelona y tras publicar finalmente su libro, obtiene feroces críticas y censuras por parte de la intelectualidad europea, muy partidaria del castrismo en aquellos años. Rechazado por los exiliados y por los que quedaban en Chile, fuera del trabajo diplomático y sin apoyo familiar, tuvo que barajárselas solo. Posiblemente la peor época de su vida sean esos cinco años de destierro, donde habría de aprender a tener paciencia en las adversidades.  


En ese ingrato ostracismo, Edwards imagina su primera gran novela, Los convidados de piedra, donde presenta un sutil retrato de las desventuras de un grupo de amigos pertenecientes a la burguesía, durante el toque de queda militar. En una fiesta de cumpleaños, rememoran el pasado y a los amigos ausentes, marginados o muertos, todos apartados como figuras de piedra de una vida que les prometía seguridad y privilegios. 


El museo de cera es su siguiente novela, una sátira esperpéntica de la historia de Chile, donde cada sinsentido tiene su correspondencia en el discurso oficial de la dictadura. Un hidalgo chapado a la antigua, el marqués de Villa Rica, sorprende a su joven esposa en flagrante adulterio con su profesor de piano, y a partir de ahí se suceden toda clase de despropósitos. El marqués encarga a un escultor realista la reproducción del episodio con figuras de cera a tamaño natural, y se traslada a vivir a otro palacio que copia fielmente la planta del edificio mancillado. El triste figurón abandona su club de aristócratas para prodigarse por tabernas populares y cae en una espiral descendente paralela al ascenso de su cocinera, ama de llaves que se enseñorea de los dominios del marquesado. Novela de múltiples niveles de lectura, llena de ironías y paradojas, donde un narrador colectivo hace dudar de los límites entre lo soñado y lo real. 


Con La mujer imaginaria Edwards aborda el universo femenino. Su protagonista, Inés Vargas, es una mujer de clase alta que a la edad de 60 constata que ha malgastado su vida, subyugada por el patriarcado, el conservadurismo y finalmente la dictadura. Revisando su pasado personal y el de la sociedad chilena, opta por reinventarse y emanciparse separándose de su esposo y abrazando el arte como forma de expresión y compromiso que la acerca a los problemas de la juventud y las capas marginales del país. 


En su novela El anfitrión, Jorge Edwards recreó con tintes criollos el mito de Fausto a través de la historia de un exiliado en Berlín. Incitado Faustino Piedrabuena Ramírez, su protagonista, por el mefistofélico Apolinario, se traslada a Chile en un extraño aparato, la Máquina. Corren vientos de dictadura, y Faustino desciende a los infiernos en una aventura alucinante. El diablo ofrece a Faustino convertirse en el líder político salvador de la patria a cambio no de su futura condenación, sino previa entrega de su historia pasada. El problema del exilio y la transición a la democracia son tratados de forma humorística, apostando por superar el pasado dictatorial. 


Con posterioridad a la entrega del premio Cervantes en 1999, Edwards ha seguido publicando novelas en las que la Historia no solo es eje y justificación del relato, sino que sirve como explicación del presente contemporáneo. En El sueño de la Historia, una investigación sobre el arquitecto dieciochesco Joaquin Toesca se entrelaza en sus paralelismos con los últimos días de la dictadura pinochetista. Con La casa de Dostoievski, se inspiró en la biografía del poeta Enrique Lihn para representar a toda una generación de escritores y bohemios que vivieron la revolución de Allende y sufrieron el golpe militar. 


Últimamente ha vuelto Jorge Edwards la mirada a sus orígenes, no solo con la primera entrega de sus memorias, sino también con  El inútil de la familia, novela inspirada en su increíble pariente Edwards Bello. Un poeta dadaísta, un rebelde, un desclasado, animado por dos pasiones insanas: el juego y la literatura. 


Recientemente ha presentado El descubrimiento de la pintura, basada en otro pariente lejano, Jorge Rengifo. Asalariado como cerrajero, su vida palpita de verdad cuando se dedica a su afición artística por la pintura, en medio de un Santiago insensible y cargado de prejuicios. Un giro inesperado del destino propicia su matrimonio con una viuda rica, que actuará como Sancho Panza en su quijotesco viaje a las principales pinacotecas europeas. 


En su discurso de aceptación del premio Cervantes, Jorge Edwards recordó a todos aquellos personajes inusuales que se cruzaron en su vida: la tía abuela conspiradora; el libertino Bello; Neruda con su gabardina; y concluyó que su labor como escritor no había sido muy diferente a la que en El Quijote desempeña el Primo, el testigo que escucha su alucinante descenso a la Cueva de Montesinos: “Nosotros también, a nuestra manera, hemos podido estar cerca de don Quijote, o de los Quijotes nuestros, locos y no tontos, y hemos escuchado sus extraordinarias historias. ¡Qué privilegio, y qué regalo!”

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Este artículo forma parte de la edición extraordinaria que la revista Compluteca, editada por el IES Complutense de Alcalá de Henares, ha dedicado con motivo del XXX Aniversario de los premios Cervantes. El lector encontrará en ella 30 artículos dedicados a otros tantos galardonados. La revista en formato pdf puede descargarse desde el siguiente enlace: 




lunes, 21 de abril de 2014

El bingo de los verbos

“Me molesta hacer ciertas preguntas, porque hay gente a quien no le gusta contestar. Ayer me presentaron a dos muchachos en la calle de las Sierpes, y yo, que llevaba mis libros debajo del brazo y andaba con problemas de gramática, pregunté al más viejo: «Por favor, ¿cómo es el imperfecto de subjuntivo del verbo airear?» El chico se puso colorado y cambió de tema. ¿Por qué se puso colorado?”


Ramón J. Sender, La tesis de Nancy

Año tras año, también me molesta preguntar a mis padawans la conjugación verbal, porque a ellos tampoco les gusta contestarme. No aburriré aquí al curioso lector conjeturando los motivos. Es mejor ponerse manos a la obra e inventar algún remedio didáctico. 



Esta es una actividad lúdica de enseñanza-aprendizaje que no requiere grandes explicaciones. Se imprimen los cartones, se recortan, y se distribuyen entre los discentes. Después se van cantando las formas verbales con la finalidad de que los jóvenes habitualmente dispersos centren su atención en los misterios de las desinencias y las vocales temáticas. Y se repite el juego tantas veces como sea necesario para afianzar sus conocimientos de la conjugación. La prudencia obliga a dar por terminada la actividad antes de que los estudiantes empiecen a mostrar posibles rasgos de una futura ludopatía. 

En este enlace puede descargar el docente los cartones y las instrucciones del juego. Conviene indicar a la chiquillería que marquen sus cartones con fichas o pedacitos de papel para poder reutilizarlos. 


Por cierto, el pretérito imperfecto de subjuntivo que preguntaba Nancy es: Yo aireara o airease, tú airearas o aireases, él/ella aireara o airease, nosotr@s aireáramos o aireásemos, vosotr@s airearais o aireaseis, ustedes airearan o aireasen, ellos airearan o aireasen. Para que no tengan que cambiar de tema cuando se lo consulten.