lunes, 21 de abril de 2014

El bingo de los verbos

“Me molesta hacer ciertas preguntas, porque hay gente a quien no le gusta contestar. Ayer me presentaron a dos muchachos en la calle de las Sierpes, y yo, que llevaba mis libros debajo del brazo y andaba con problemas de gramática, pregunté al más viejo: «Por favor, ¿cómo es el imperfecto de subjuntivo del verbo airear?» El chico se puso colorado y cambió de tema. ¿Por qué se puso colorado?”


Ramón J. Sender, La tesis de Nancy

Año tras año, también me molesta preguntar a mis padawans la conjugación verbal, porque a ellos tampoco les gusta contestarme. No aburriré aquí al curioso lector conjeturando los motivos. Es mejor ponerse manos a la obra e inventar algún remedio didáctico. 



Esta es una actividad lúdica de enseñanza-aprendizaje que no requiere grandes explicaciones. Se imprimen los cartones, se recortan, y se distribuyen entre los discentes. Después se van cantando las formas verbales con la finalidad de que los jóvenes habitualmente dispersos centren su atención en los misterios de las desinencias y las vocales temáticas. Y se repite el juego tantas veces como sea necesario para afianzar sus conocimientos de la conjugación. La prudencia obliga a dar por terminada la actividad antes de que los estudiantes empiecen a mostrar posibles rasgos de una futura ludopatía. 

En este enlace puede descargar el docente los cartones y las instrucciones del juego. Conviene indicar a la chiquillería que marquen sus cartones con fichas o pedacitos de papel para poder reutilizarlos. 


Por cierto, el pretérito imperfecto de subjuntivo que preguntaba Nancy es: Yo aireara o airease, tú airearas o aireases, él/ella aireara o airease, nosotr@s aireáramos o aireásemos, vosotr@s airearais o aireaseis, ustedes airearan o aireasen, ellos airearan o aireasen. Para que no tengan que cambiar de tema cuando se lo consulten.

jueves, 27 de marzo de 2014

Vigencia de El licenciado Vidriera





De todas las Novelas Ejemplares, sigo teniendo cierta preferencia por El licenciado Vidriera. Tal vez porque fue el primer Cervantes que leí, a los diez u once años, en uno de aquellos libritos naranjas de la colección Salvat RTV.

El asunto es sobradamente conocido: Un licenciado en Derecho, orgullo de la Universidad de Salamanca, enloquece y se imagina hecho de vidrio; lo que según él, le proporciona una gran claridad de discernimiento. Sus comportamientos extravagantes son admirados y celebrados de todos, que lo agasajan y convidan. Mas cuando el hombre recupera su integridad racional, es abandonado por sus congéneres y no halla modo de ganarse la vida. Despreciado su talento intelectual, no halla más salida que alistarse en un tercio de Flandes, donde morirá por la patria, de forma nada dulce y dudosamente honorable.

En este breve relato condensa Cervantes un juicio atinado sobre la manera en que trata España a sus hijos según su talento: “ ¡Oh Corte, que (…) sustentas abundantemente a los truhanes desvergonzados y matas de hambre a los discretos vergonzosos!”, dice el licenciado al despedirse de la capital del Reino.

Parece, les digo a mis estudiantes, que cuatrocientos años no han cambiado nada en este país. Imaginad que Belén Esteban o cualquier otro personaje estrafalario de los que tanto abundan en la RTV del siglo XXI se escapa durante una temporada del foco mediático y vuelve de La Sorbona con una licenciatura en Filosofía y Humanidades y un dominio perfecto del inglés y el francés. ¿Qué futuro tendría? Para Sálvame ya no valdría. Posiblemente tendría que optar entre un contrato de prácticas en condiciones de explotación o emigrar en busca de otro país que supiera apreciar su talento. Lo mismo, mismito, que le pasó al licenciado Tomás Rueda.

Pero, me contesta una estudiante, eso es imposible. ¿Quién se imagina a Belén Esteban asistiendo a una universidad? Ay, les respondo, sois demasiado jóvenes para conocer el caso de Eleuterio Sánchez, que ingresó en la prisión siendo analfabeto y miserable, y gracias a su voluntad y aplicación consiguió una licenciatura en Derecho a través de la UNED, llegando a ejercer en un gabinete jurídico. ¿Por qué repiten tanto en los medios modelos como el autodenominado DJ Kiko Rivera? ¿Por qué no los ejemplos de quienes como Sánchez, se mejoran y perfeccionan mediante su esfuerzo y el estudio? ¿Por qué las autoridades les niegan el futuro a los jóvenes en su tierra mientras les señalan el camino de salida como el que no quiere la cosa?

Los truhanes y sinvergüenzas se multiplican en nuestro entorno y parecen imponer sus criterios. Es más urgente gastar millones en rescatar bancos y autopistas que en cultivar la investigación. Se dilapida otro millón en renombrar el aeropuerto de Barajas, pero se regatean miserablemente las becas al estudio. Los pícaros al estilo de Lázaro de Tormes medran en todos los estratos: desde los humildes bares y PYMES hasta los más altos consejos de administración, siempre procurando tomar dos uvas del racimo para que no diga nada quien toma tres.

Dicen que la ignorancia es atrevida, y por eso los sabios son discretos, además de escrupulosos y hasta vergonzosos. De eso se aprovechan los truhanes para mentir sin sonrojarse. De eso se sirven para desmontar la educación y la sanidad públicas, para suprimir los beneficios sociales y para matarnos de hambre, que decía Vidriera.  Hace falta que los sensatos nos quitemos de encima la vergüenza para denunciar con toda la intensidad de nuestra voz a quienes carecen de ella. 

domingo, 8 de diciembre de 2013

Duelo de titanes: Raymond Queneau versus don Juan Manuel

Durante una explicación en clase, improvisando, les dibujé a mis estudiantes de 3º de ESO en la pizarra un cuento del conde Lucanor. Inesperadamente se me ocurrió que Patronio debería tener un aspecto como el de Sigmund Freud. El dibujo de la pizarra, debidamente pasado a limpio, es la ilustración de esta entrada.

En este blog ya hemos hablado antes de El conde Lucanor por don Juan Manuel, y de Ejercicios de estilo, por Raymond Queneau. Dos casos extremos de autores literarios. Mis chicxs de 3º de ESO los han conocido este año. 

Juan Manuel cuenta 51 relatos diferentes, todos de la misma manera. Raymond Queneau relata 99 veces la misma historia, siempre de forma distinta.

Juan Manuel no corre riesgos. Raymond Queneau los provoca.

Juan Manuel busca enseñar deleitando. Queneau, aprender epatando.

En mi ejercicio docente, Juan Manuel y Queneau son los dos polos del eterno retorno. ¿Explicar lecciones distintas de la misma manera, o enseñar de distintos modos la misma lección del año pasado? Siempre igual, siempre distinto.

¿Cómo se resolvería un match literario entre Juan Manuel y Raymond Queneau? Nos hemos permitido convocar a los espíritus de estos dos grandes, y aquí abajo tienen el resultado. No se sorprendan demasiado. O sí.  

CUENTO LII

Lo que sucedió a un mancebo que viajaba en colectivo 

Otro día, hablando el conde Lucanor con Patronio, su consejero, le dijo así:

- Patronio, un hombre que se llama mi amigo me dice que mis jubones son poco elegantes por estar muy escotados, y que no conviene al decoro de las gentes de mi estado y riqueza que sus ropas tengan tan pocos botones. A lo que él se ofrece para remediarlo con la intervención de un sastre que es cuñado de él mismo. Y pues vos tenéis buen juicio sobre atuendos y protocolo, ruegoos que me digáis lo que mejor me conviene hacer. 

- Señor conde – contestó Patronio –,  para poder responderos debidamente, me gustaría que supieseis lo que aconteció a cierto viajero de un ómnibus en la ciudad de París.

Y el conde le preguntó cómo fuese aquello. 

- Señor conde – prosiguió Patronio –, en uno de esos carromatos de transporte colectivo que usan los parisienses viajaba en cierta ocasión un mancebo de cuello larguirucho y sombrero de fieltro, engalanado con  un cordón en lugar de una cinta. Como el vehículo estuviera repleto de gentes y no hallara ningún asiento disponible, hubo de viajar de pie sobre la plataforma. Además de la incomodidad que le causaba la plebe, tenía que sufrir los empujones y pisotones que le proporcionaba otro viajante malintencionado. El mozo del sombrero protestaba y porfiaba, pero abandonó la discusión cuando por ventura quedó libre un asiento, sobre el que se abalanzó confiado, sin preocuparse de las críticas de los demás viajeros.  

" Dos horas después, en la plaza que dicen de Roma, el mancebo finalmente llegó a la cita que tenía allí con un su amigo. Pero su disgusto fue mayúsculo cuando este criticó su indumentaria, aconsejándole que se pusiera un botón más en el escote de su abrigo, por mor de las mutables veleidades lutecianas en materia de vestimenta. 

“A Vos, señor conde Lucanor, pues me pedís consejo para algo tan nimio como coser o descoser un botón en vuestro jubón, yo os recomiendo que hagáis como os plazca y que deis al diablo el botón, el amigo y el jubón, y que tengáis en cuenta que ya sois mayorcito y capaz de elegir vuestra vestimenta como gustéis y de ignorar las habladurías a que vuestras elecciones dieren lugar. Si empleáis vuestro tiempo en discutir con vuestro consejero preocupaciones tan ridículas como la altura de los botones en un jubón, no os quedará tiempo para las obligaciones urgentes de la política a que vuestro cargo os sujeta, y no seréis recordado por las generaciones venideras como un espejo de gobernantes prudentes, sino como un inmaduro que no sabía ni vestirse sin antes haberlo consultado con un consejero más o menos ingenioso.”

Al conde gustó mucho el consejo de Patronio, y actuó como él le había dicho, y le fue muy bien. 

Y cuando don Jaime escuchó esta historia, le pareció tan buena que la hizo poner en este blog, e hizo unos versos que guardan la moraleja y dicen así: 

Si discutes y gritas cuando te dan un pisotón,
también debes hacerlo si te critican por tu botón.


jueves, 6 de junio de 2013

Sonetillo homenaje a José Manuel Caballero Bonald, premio Cervantes 2012



Tan lejos de ser Cervantes,

tan lejos de Pérez Galdós,

y mucho más lejos de Dios,

mucho más lejos que antes.



Tan lejos de Juan Boscán

y tan lejos de Garcilaso

como anduvo Alfonso Paso

y José María Pemán.



Así me siento yo hoy,

que no enmienda esto Celaya

ni Caballero Bonald.



Tan cerca sufro a Soraya,

tan cerca a la Cospedal,

tan cerca a Mariano Rajoy.


(Jaime González, 24.4.13)

martes, 4 de junio de 2013

El marqués que no sabía escuchar




El profesor pide a lxs alumnxs que escuchen una pieza musical de cuatro minutos, procurando estar tranquilos, relajados y en silencio. A continuación hace sonar el primer movimiento del Concierto de Brandeburgo número 1.  



Después les dice:

 “Hace ahora casi 300 años, un gran músico, Johann Sebastián Bach, quiso hacer un regalo al marqués de Brandeburgo. Pensó que el mejor regalo que podía hacerle era su música, y le presentó al conde un álbum manuscrito con las partituras de seis conciertos.

“Pero el marqués no hizo mucho caso a aquellas partituras. Para poder reproducir la música tenía que llamar a un buen número de músicos y entregar una copia a cada uno, y eso sin contar con los ensayos. No sabemos si aquel aristócrata hizo tocar muchas veces aquellos seis conciertos en Brandeburgo. El caso es que las partituras quedaron olvidadas en un rincón de su biblioteca hasta que veinte años después, a la muerte del marqués, sus herederos, al verlas cubiertas de polvo, las vendieron por unas pocas monedas. Los compradores empezaron a interpretar los seis conciertos del señor Bach y entonces todos los que las oyeron empezaron a saborear su intensa belleza. 

“Vosotros tenéis la suerte de poder escuchar música y acceder a libros con más facilidad que todos los marqueses de Alemania en el siglo XVIII. Pulsando unos pocos botones tenéis a vuestro alcance todo tipo de obras de los grandes músicos y toda clase de lecturas. 

“Pero… hace falta escuchar. Si no tenéis ganas de escuchar tranquilamente, cerrando los labios, abriendo los oídos y el corazón, nada será bello para vosotros. Sin atención, todo se convertirá en ruido. Sin calma, nada tiene equilibrio. Sin escuchar, nada tiene sentido. Sin tranquilidad no captaréis la belleza que hay en todas las cosas. La belleza está en el ojo de quien observa, y los ojos que no descansan se vuelven insensibles.

“Algunas personas no quieren estar en silencio y por eso ponen la tele a todo volumen cuando llegan a casa. Pero no aprenden a escuchar, porque no saben estar en silencio.

“Cuando no escucháis os estáis perdiendo algo importante. Estáis haciendo como aquel marqués Midas, tan rico y tan tonto a la vez, dejando que la belleza se marchite, silenciosa y cubierta de polvo, en un ángulo oscuro de una solitaria biblioteca. Hay que aprender a escuchar. A escuchar siempre.”

domingo, 26 de mayo de 2013

Soneto a la LOMCE (Ley de Ordeno y Mando de la Conferencia Episcopal)











 No me mueve, mi Dios, para estudiarte,
el siete que me tienen prometido,
ni me mueve el suspenso tan temido
para dejar por eso de empollarte.

Tú me mueves, Rajoy; muéveme el Wert-e
sentado en el Gobierno bendecido
por los mismos obispos que han urgido
a que sea Religión materia fuerte.

Muéveme, en fin, la LOMCE en tal manera
que aunque no hubiera Pisa, yo aprobara,
y de haber reválida, suspendiera.

No calcules que en la Renta cruz pusiera,
y aunque el cura en la misa me esperara,
lo mismo que me duermo me durmiera.

(Jaime González, 24.5.13)

sábado, 25 de mayo de 2013

Discurso del acto de Graduación de Bachillerato. Instituto Doctor Marañón, 24 de mayo de 2013



Estimada comunidad educativa del IES doctor Marañón, estimados graduados, equipo directivo, profesores, madres, padres y demás familiares y amigos: Gracias por vuestra asistencia a este acto con el que hoy celebramos la graduación del 2º de Bachillerato de la promoción de 2013.  Muchas gracias, y por supuesto, enhorabuena a todos los que hoy culmináis vuestros estudios de Bachillerato.


En representación de los profesores y tutores de Bachillerato se me ha encargado intervenir en este acto; por lo tanto estas palabras van a ser la última clase que recibiréis – o que soportaréis – en el instituto Doctor Marañón. Se me va a hacer difícil pediros que dejéis de hablar y que tiréis los chicles a la papelera, y no sería procedente hoy ponerle un parte a alguno, así que… Por favor, tengamos la fiesta en paz. Los de las últimas filas: cuidado, que os estoy viendo.  

Hoy terminan los seis años de vuestra educación secundaria en el IES DOCTOR MARAÑON. Han sido seis cursos repletos de experiencias y recuerdos, unas veces gozosos, otras agridulces y en ocasiones, risueños. Vivencias, emociones y amistades que os acompañarán siempre y que ahora os lleváis, al lado de vuestro flamante título, en la misma mochila en la que un día trajisteis un estuche con rotuladores y la merienda para el recreo.

Seis años en los que nunca habéis estado solos en nuestro Instituto. Seguro que cada uno de vosotros puede encontrar hoy en esta sala alguna cara conocida que vio por primera vez al comenzar la ESO, allá por septiembre de 2007.

Recordemos también ahora a otros que hoy no se encuentran físicamente junto a nosotros. Compañeros que han cambiado de instituto, o de itinerario;  profesores y profesoras que se han jubilado felizmente; y profesores y profesoras – interinos, en expectativa o con destino – que a fecha de hoy no han podido permanecer vinculados al IES Doctor Marañón. Todos ellos permanecen en nuestra memoria y es justo que ahora les dediquemos el homenaje de nuestro recuerdo.

Hay además otros muchos recuerdos que os llevaréis siempre con vosotros. Es evidente que es mucho, ¡muchísimo!, lo que habéis aprendido en cuanto a lo puramente académico: Matemáticas, Ciencias Sociales, Ciencias Naturales, Lengua, Literatura, Física, Química, Educación para la Ciudadanía, Música, Educación Plástica y Visual, Educación Física, Inglés, Francés, Latín, Filosofía … Mejor voy a detenerme porque veo a alguno que ya está poniéndose pálido y sudoroso ante la perspectiva de que le toque vérselas con Kant o con Hegel en el próximo examen de selectividad que tenéis a la vuelta de la esquina.

Pues bien, amigos, quiero comunicaros sin temor a equivocarme que hoy en día sabéis mucho más de lo que os imagináis. Lo que habéis aprendido no lo perderéis nunca. Ni siquiera aunque lo olvidéis. Aunque ahora os cueste creerme,  LO QUE SE OLVIDA NO SE PIERDE.

¿Os sorprende? A mí también me costó creerlo cuando me lo dijeron en mi primer día en la Universidad. Pero el tiempo me ha permitido comprobar la verdad de esta afirmación.

Ya Aristóteles dejó dicho que Las ciencias tienen las raíces amargas, pero muy dulces los frutos”. Una vez que el conocimiento, a menudo con dolor y esfuerzo, ha implantado sus semillas dentro de vosotros, el árbol de la ciencia no dejará de crecer en vuestro interior para beneficiaros a vosotros y a quienes os rodean. Por eso, amigos, no dejéis nunca de regar esa plantita del saber, de estimular sus tallos, de acariciar con mimo sus hojas, y de apreciar embelesados la belleza de esa flor que ya anuncia en esperanza el fruto cierto.

Como profesor que os he acompañado en esta etapa de vuestro descubrimiento, tengo que deciros que por interesantes – o aburridas – que os hayan parecido nuestras lecciones, me parece que apenas nos ha dado tiempo a empezar. Todavía hay un inmenso volumen de conocimiento que está esperando a que lo descubráis y lo hagáis vuestro. ¡No os resistáis a su llamada y aceptad el desafío! ¡Tomad al asalto las bibliotecas! ¡Lanzaos a la conquista de los laboratorios! ¡Demostradles a las x de las ecuaciones quién es el amo! ¡Empuñad los bisturíes! ¡Machacad sin piedad las teclas de vuestros teclados! ¡Afilad vuestros pinceles! Vuestro futuro está empezando AHORA.

Incluso en estos tiempos en los que se cuestiona la utilidad de los saberes y se mira ante todo la colocación laboral, tened en cuenta que la mejor recompensa de vuestro estudio sois vosotros mismos. El estudio os mejora, os transforma en una versión perfeccionada de quienes sois, en vuestro mejor yo. El estudio nos predispone a apreciar la belleza, a rechazar la injusticia, a aplicar el sentido crítico, a amar la libertad. Necesitamos que en el mundo abunden ese tipo de nuevas personas que vosotros sois y seréis.

No os canséis de preguntar, no dejéis nunca de leer. Leed cuantos libros podáis. Escuchad la mejor música, gozad del mejor arte, frecuentad los teatros y museos, buscad la compañía de quienes pueden ofreceros algo de luz. Y cuando lo hagáis, prestad atención al mensaje que nos susurran desde los libros todos los poetas y todos los doctores.  ¿Podéis oírlo?   Carpe…  CARPE DIEM. ¡Aprovechad el día!

Aprovechemos el día, amigos… y las noches también; que por lo pronto, la noche de hoy se promete festiva e inolvidable. Conviene pues que vayamos echando el cierre definitivo a esta etapa y que, llegado el momento del balance, sepamos apreciar lo mucho que os ha aportado este instituto.

Nuestro sistema educativo no está exento de imperfecciones, carencias y hasta contradicciones; pero la escuela pública de que todavía disponemos, la escuela pública de tod@s y para tod@s, es el mejor medio para la promoción y el desarrollo de los jóvenes en un ambiente alumbrado por la ciencia y la libertad.

Nuestro gran escritor Max Aub declaró: "Se es de donde se hace el bachillerato". Cuando algún día, tal vez a muchos kilómetros de aquí, alguien os pregunte de dónde sois, contestad tranquilamente y con justo orgullo: “YO SOY DEL DOCTOR MARAÑÓN. YO ESTUDIÉ EN LA PÚBLICA”.